La cocina siempre fue algo que acompañó mi vida. Desde chicas, gran parte de nuestras vacaciones era cocinar y nos divertíamos muchísimo haciéndolo en familia. 

Sin embargo, nunca me imaginé que me iría a acompañar tanto a lo largo de toda mi vida. Nunca estuvo en mis planes.

Este emprendimiento surgió como una necesidad.
Con mi esposo somos colegas. Y nuestra profesión no nos estaba dando trabajo y nosotros estábamos por tener nuestra primera hija.

Vivíamos en el interior y tuvimos que volver a Montevideo, a empezar de cero. Pero como todo en la juventud, lo hicimos con mucho ímpetu y felicidad.

Allí fue donde la cocina me acompañó. Mi mamá nos había dejado hacia muy poquito pero algo de ella quedó en nosotras: el nunca bajar los brazos y el amor por la buena cocina. 

Para nosotros la comida siempre representó amor y unión. Nunca me imaginé que podría transmitir eso en un negocio. Así empezamos, junto a mis hermanos y mi esposo. Dejando todo en la cancha. 

Since 1993:

Fue el sacrificio interminable y la fidelidad a la buena calidad lo que nos fue creando un nombre.
Como casi todo en aquella época, no sabíamos que teníamos que crear una marca e imagen. Eso es algo moderno, nosotros trabajábamos sin parar y "los Olaso" fue algo que surgió de nuestro apellido. Un nombre que nos fue dando la gente.
Cuando nos quisimos enterar, ya éramos conocidos con ese nombre y ya varias personas nos elegían.

Llegando al 1997

De a poquito fuimos creciendo. Pasamos de nuestra pequeña cocina en una cooperativa a la barbacoa de mi hermana y fue en 1997 que nos mudamos a nuestra "primer cocina" en Vargas Guillemette.
En el correr de ese tiempo, se fue sumando gente de nuestra familia y nuevos compañeros de trabajo.

A medida que nos agrandábamos nuestros esfuerzos se multiplicaban. Agregamos nuestro primer camión, el cuál manejaba mi esposo, vendíamos a los supermercados y los clientes nos tenían mucho afecto.
Nuestra familia también se agrandaba. Nació nuestro segundo hijo y con ellos dos acompañando nuestro proceso, se acercaba una época difícil de nuestras vidas sin saberlo.

Antes de 1999-2000, todo parecía viento en popa. Nos sentíamos muy felices. Los tres hermanos trabajábamos codo a codo y ya teníamos un gran equipo de chicas trabajando con nosotros. 

Pero el 2000, junto a su crisis

La crisis llegó y nos pegó muy fuerte. Nadie podía comprar nuestras tortas, éstas se vencían en las góndolas de los supermercados (eran frescas). Debíamos de hacer una gran reestructura: mandar a gente de nuestro equipo a seguro de paro y pensar cómo saldríamos de esta. Fue un momento muy duro, de mucho sacrificio y sufrimiento. 

Mientras tanto, nosotros teníamos la llegada de nuestra tercera hija, creemos que llegó para darle un poco de felicidad y paz a ese momento tan duro que estábamos pasando. 

Allí fue donde nuestra madre nos acompañó más que nunca. No sé si lo había mencionado, pero ella era muy pionera y tenía una empresa de comida congelada llamada "frozen". Fue ella que nos enseñó las grandes virtudes de la comida congelada y que ésta era una gran herramienta. 

Se nos ocurrió hacer un postre congelado. Desarrollamos "De Antología". Un postre con base de crujiente merengue, mousse de chocolate y crema de almendras.
Pedimos por favor que nos dieran una nueva oportunidad y gracias a ésta, apostamos nuevamente a nuestras ganas de trabajar con un producto innovador en el mercado.

Tuvimos un gran éxito con esa idea. ¡Podíamos salir adelante! 

Pero como todo, habían cosas malas. No pudimos sostener la estructura de costos y los hermanos nos tuvimos que separar. Fue un momento muy duro, pero le pusimos la mejor energía. De aquí en adelante quedamos mi esposo y yo codo a codo frente a los nuevos desafíos. 

Él fue un gran pilar en esta empresa. Siempre fue un fundamentalista del buen servicio y de la personalización del trato con el cliente. Amante del Marketing, fue él quien, por fin, desarrolló una idea de marca y una estética a seguir. Era hora de seguir adelante y la profesionalización de la empresa exigía dedicarle muchos esfuerzos a esto. 

Tuvimos que empezar de cero. Una empresa de postres congelados era algo totalmente distinto a lo que hacíamos ahora. La gente nos acompañó y aceptó nuestro producto. Pero pasamos muchas noches en vela. 

Año 2005, una revelación:

De a poco fuimos agregando cosas, pero fue en 2005 cuando llegó la iluminación. Nuestro caballito de batalla: El salchichón de chocolate.  Llegó para ganarse el corazón de muchísima gente nueva y expandirse, poco a poco, en todas las góndolas de congelado de Montevideo. 

El Salchichón fue lo que nos permitió mostrar de lo que para nosotros era "Postres Olaso": Algo que tú podías comprar, hecho como en casa y que te solucionaba la vida. 

Allí fue cuando llegamos a la imagen que queríamos tener en góndola: fajas divertidas, originales, que rompieran con el frío del congelado. 

El trabajo nunca cesó. Para nosotros el crecer implicaba un esfuerzo doble ya que la inyección de capital se daba a partir de créditos con altos intereses. Cuando uno empieza en una empresa, lo único que pesan son los sueños, por lo que no podíamos darnos grandes lujos. 

2009: Tocando puertas internacionales

Fue en el año 2009 cuando el mercado internacional nos tocó las puertas.
Parecía una oportunidad muy jugada. Mis hijos tenían 16, 12 y 8 respectivamente. Personalmente, era una época muy exigente para nosotros.

Pero como siempre, nos la jugamos. ¡Qué momento! Pasamos jornadas eternas trabajando. Alquilábamos frío para poder tener todo el stock necesario, agotamos todos nuestros recursos.
Llegó el día en que teníamos que poner los postres en un contenedor. Esto implicó un esfuerzo logístico increíble. Agotador. ¡Cuántas cosas en juego!

Nos fuimos junto al contenedor y nuestros sueños a probar suerte en otros países. Llenos de cansancio y felicidad partimos.
La frustración, sin embargo, llegó cuando descubrimos que se necesitan muchos más esfuerzos del que uno cree para implementar un nuevo producto en un país nuevo. Sobre todo, si es un producto nuevo en el mercado.
Por lo que nuestro cuidado de la calidad no nos permitió seguir allí y decidimos darnos vuelta y seguir dedicando nuestros esfuerzos al mercado local.

Este no fue un impedimento emocional para seguir adelante. Nosotros nunca quisimos mirar para atrás.

2011: Apostando

En el 2011 nos mudamos a la actual planta de elaboración: Alejandro Gallinal 2034. Una antigua planta de elaboración de una confitería. 

¡Que grande que nos quedaba! ¡No sabíamos cómo ocupar todo ese lugar!
 El tener más espacio nos ayudó a crecer.

Con Laurita, quien nos acompaña hace más de 15 años y hoy es nuestra encargada, siempre recordamos ese cambio con mucho cariño: “¡Nunca creímos que la podríamos llenar!" 

El crecimiento nunca paró. Los mayores desafíos en esta época estaban en: sostenernos económicamente y poder estandarizar procesos.
Mi esposo se encargaba del primero y yo del segundo. Ninguno de los dos fue fácil, nos lo tomamos como retos personales.
 Al día de hoy, seguimos con estos objetivos, agregando gente al equipo con mayor capacitación.

Yo personalmente siempre tuve una mentalidad muy práctica, muy resolutiva. Me gusta sacar ideas de otros lugares, de otro tipo de empresas y poder aplicarlas a la industria alimenticia. Me ha dado buenos resultados. 

Nuestra hija mayor ya trabajaba hacía unos años con nosotros cuando decidimos abrir un punto de venta.
Fueron muchos meses de planificación y de charlas para poder llegar a una idea que a todos nos hiciera feliz.
 Como si ella fuese una gota de agua de su padre, es apasionada por el trato al público y nos animó a tomar este paso.

Creímos en Carrasco como un buen lugar para comenzar ya que allí fue que comenzamos cocinando. Lo vivimos como un "renacer", con una nueva vuelta a la propuesta, sin dejar de lado nuestras raíces. 

Nuestro gran objetivo era poder acercarnos nuevamente a nuestra gente brindándoles un servicio de calidad y muchas cosas ricas para acompañar el día a día. 

Hoy, mirando en retrospectiva, estamos muy felices por donde nos llevó la vida. creemos que dar comida es dar amor. 

¡Gracias por acompañarnos!